Fragmentos de un jardín imaginario en el que yacen y crecen frutos poco probables.
Sin embargo allí están, en estado de latencia.
En la naturaleza los frutos son los encargados de repartir las semillas para perpetuar determinada especie.
Puede que el deseo funcione de forma parecida, como un hecho latente imaginario que por momentos se vuelve real. Como un impulso que nos mantiene vivos.
En este Paraíso se encuentra lo natural con lo artificial, lo real con lo imaginado, es un espacio para la posibilidad, para el deseo.
Acaso se puede vivir sin deseo?